2 Marzo 2007
Bastaba que llegara con los colores en las manos para que Él comenzara una vez más. A veces me preguntaba si podría empezar a jugar con tanto alboroto si Ella traía sabores en los codos, pero siempre me contesté que no dependía de si traía sabores, olores, sensaciones o colores, sino de que si las traía en los codos, las uñas, o la palma de la mano ambizquierda. Una vez, tratando de obtener resultados similares, llegué a su casa con una taza de emociones en el ombligo. Al verla, inmediatamente comenzó a absorber las partículas de aire, pero esta vez las convirtió en granos de sal, cajas de fósforos, y lavalozas super-económico, nada que ver con los objetos que aparecen cuando Ella juega con Él.
Muchas veces intenté encontrar las claves que me llevaran a comprender las reglas del juego. Los observaba, registraba en mi cuaderno los movimientos (un reojo, una sonrisa, un camuflaje), qué traía Ella y dónde lo llevaba (risas en el tobillo, imágenes de una película favorita en las vértebras), cómo reaccionaba Él y qué objetos creaba a partir de las párticulas del aire no-calefaccionado de la pieza de atrás (objetos que pueden ir desde un reloj que mide el sabor de las tonalidades del color rojo, hasta aretes que se inflan cuando el día será aburrido), en fin, una serie de características que al parecer nunca fueron suficientes para encontrar las instrucciones básicas de un juego como ése.
Lo preocupante es que de un tiempo a esta parte Ella no quiere volver a jugar. Hace más de veintisiete días que no llega a la casa con los colores en la mano o los gritos en la falda -al parecer en el hospital le dijeron que tenía desmagianoidea y su familia quiere que vea a un analista-. A veces viene pero no trae nada, o peor, trae las cosas pero deja su cabeza en otra parte, así que Él llora, y transforma las partículas de aire en papel higiénico o pilas recargables. Imagínese. Es por eso que le escribo, a ver si me da alguna pista. Sé que no soy Ella, que por mucho que traiga las galaxias en mis fosas nasales jamás construirá lo que nosotros queremos. Él no dejará de llorar ni volverá a jugar si no encuentro el manual de instrucciones que Ella le entregó a usted esa vez que descubrió la puerta que da inicio al juego. Yo intenté por todos los medios vislumbrar las huellas, los pasos en ellas, pero ya sabe. Le prometí que sólo en caso de emergencia le escribiría, y ya ve: Él que llora, Ella enferma, el juego llenándose de carteles que anuncian la recta final y las partículas de aire acumulándose en la bodega.
Se lo pido, por el bien de todos, ayudemÉ.
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1 Marzo 2007

Un cuadro de Klimt, un café de miércoles por la tarde, una vieja receta de cocina. El sol que le cuesta aparecer antes de las cinco y media, un teléfono que sólo recibe llamadas y dos discos de Sabina que hace rato quería que dejaran de sonar. Un control remoto, If I clean up my room, can I be Picasso?, Toda Locura es un sueño que se fija, Las babas del diablo, Liliana llorando. Un cronopio -una fama-, un proyecto de casa, una casa inevitablemente tomada, que dejó de pertenecernos de un momento a otro, sin que nadie se diera cuenta.
A las ocho de la noche ya hay ansias de silencio, de silencio cósmico, de polvo astral. Hay ansias de dejar atrás, de olvidar, de comenzar -de volver a volver a empezar, a volver empezar-. De ser el arquitecto irrevocable del palacio en las estrellas, de construir puentes submarinos, de ser yo misma la bomba de tiempo que explota para demoler las paredes podridas, hacer un pasadizo secreto que me lleve al momento en que ya no me importe, sin ponerlo entre comillas, sin discurso entre las tres y las seis de la tarde.
A veces -estas veces, tantas veces, casi siempre- me es más fácil no dar el salto y seguir siendo una risa en la sala, un grito en el baño, el llanto de dormitorio.Te conformas con ser la luz por un rato en la mañana, pero dejas de ser Rey Sol a pesar de que lo tengas tatuado en la frente. Y no, no quiero conformarme, no quiero despertarme y descubrir que una vez más las purísimas pelusitas blancas de los minúsculos conejitos blancos me están picando en la garganta, la basura entre medio del mueble y de la lámpara, las uñas cortas, las píldoras, un pasaporte a la felicidad y los conejos vomitados en el ascensor entre el primer y segundo piso.
Son tiempos de ponerse piel humana a tiempo completo, de abrir paso a la vorágine, a la espiral verde mar de los bares de copas, de reír en amarillo, de llorar en rojo, de amar en naranjo y por sobre todo, de vivir en violeta.
servido por Camila
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13 Diciembre 2006

Y sí, soy la Maga, no la de Julio - ya no -, porque tantos de nosotros sabemos a estas alturas que ella es otra, otra tan distinta, otra tan raramente diferente. Además no sería lo mismo, yo soy la Maga del lado de allá, del lado de acá, de otros lados, de todas partes, soy parte del aire. Sí, soy parte del aire, y no es que quiera presumir ni nada - si no soy nada más que esa energía naranja que vuela y alcanza el sol cuando se expande -, pero yo soy la Maga porque tengo un magia únicamente soñadora y exageradamente desquiciada, que en esta noche de frío-calor y nubes burdeos me permitirá invitarte a jugar conmigo entre las luces, invitarte a jugar conmigo entre las bocinas de los autos que bajan-suben-suben-bajan por subida Alessandri, a jugar por jugar.
Un dos tres cuatro cinco seis siete luces. Ocho nueve diez deseos. Once doce trece ganas de ser el cigarrillo en tu boca aunque me moleste el humo. Juguemos. ¿Magia? Seamos capaces de ser parte de treinta mil mundos paralelos, universos llenos de estrellas invisibles, que las luces -son siete por cada uno- seamos nosotros mismos. Me das tu mano, la que solté ese día, la que te doy ahora, y un pianito exquisito es la banda sonora de la fusión implacable de tu magia y la mía. Vemos el sol desde lejos y ahora hay que empezar a dar vueltas en el aire. Flotar como nada ha flotado en la historia de la historia, atravesando fronteras universales y entrando en los anillos de colores que, como ya deberías saber porque te lo he contado en innumerables ocasiones en esos sueños en los que nos encontramos, tienen un silencio musicalmente odioso que con nuestra risa se irá apaciguando.
Te darás cuenta de que mi magia puede hacer que entremos en la onceava dimensión de nosotros, y esos mundos que vemos ahí, llenos de colores y músicas absolutamente inimaginables para ti - y para mí -, cambiarán el estado de su materia y se volverán viscosamente elásticos, vas a saltar conmigo aunque no quieras - y sé que quieres -, vamos a cantar elmundocabeenunacanción y aunque no sea un día de fiesta, será la celebración más inmensamente increíble de tu vida y la mía.
Fly away. Con mi magia, soy la Maga, con la tuya. Jugar por jugar. Entrar en esos mundos para que nadie nos vea y así yo decirte cuán viva me siento ahora. Cómo quisiera tenerte aquí a mi lado para que escucharas mis apasionados y enérgicos gritos de vida-mágica, poder apretarte la mano y decirte: "nuestros deseos son órdenes, vamos a volar" .. .
servido por Camila
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6 Diciembre 2006
Luz verde. La gente atraviesa apurada, un poco histérica, conscientes de lo efímero de ese instante en el que es permitido transgredir el tráfico de los autos que, igualmente apurados, pasan por Viana. La gente corre, un niño se tropieza, su madre le grita, le grita que se apure -luz verde parpadeando-, el niño llora, el niño tiene un traje verde, la madre le tira el brazo -luz verde parpadea más rápido-, el niño llora, se agacha, quiere recoger algo, la madre lo tira -luz verde parpadea más rápido- el niño llora, no alcanza a recoger, lamadrelotiralollevaluzroja.
Lucía viene caminando por calle Valparaíso. Se detiene en un teléfono público, llama a Roberto y le cuenta que no ha encontrado los papeles rojos para la tarjeta de Rosario. Cuelga. Con ambas manos busca sus anteojos siempre.puestos.en.la.cabeza y se da cuenta que en realidad los tiene afirmados en el escote de la polera con rayas azules. Sigue avanzando. Dobla en Ecuador y compra unas galletas rellenas con mermelada de damasco. Cree que es suficiente con cien gramos, pero en el fondo ella sabe, oh sí que sabe, que en menos de cinco minutos ya se las va haber comido todas y se va haber arrepentido de no haber comprado cincuenta gramos más.
Lucía camina. Lucía piensa cómo terminar el regalo de Rosario sin los papeles rojos. Tal vez si buscara celofán verde, podría hacer ventanas o agujeros interplanetarios que le permitieran a ella y a Rosario, más a ella, claro, ver las libélulas grises que en otoño se transforman en libélulas musicales. Sigue avanzado por Ecuador, camina observando vitrinas, comiendo galletas, escuchando las frases cortadas de la gente que camina junto a ella, intentando comprender lo que hace tanto comprendió pero no quiere ver. Stop. Luzroja.
Dos minutos. Lucía tiene dos minutos para darse cuenta que el regalo de Rosario es el celofán verde y ya. Tiene dos minutos para comprender lo que no quiere ver. Tiene dos minutos para mirar a su izquierda y ver al hombre que está al lado de ella y sonreírle. Tiene dos minutos para dejar de contar cuántos autos rojos pasan y mirar de una vez por todas el suelo. La calle.
Treinta segundos. Lucía no se ha dado cuenta de nada. Aún sigue haciendo un catastro de cuántos autos rojos pasan, y se desilusiona comprobando que no han pasado más de tres. Veinte segundos, olor a luna, olor de cráteres, especialmente de no-atmósfera. Lucía se extraña, creía que el olor a luna sólo estaba impregnando el la almohada de la casa de Olmué, y podía hasta jurar que Roberto le había dicho que el olor no-atmosférico era sólo el resultado de las libélulas musicalmente grises, que claramente no estaban en la intersección de Viana con Ecuador.
Luz verde. La gente atraviesa apurada, un poco histérica, conscientes de lo efímero de ese instante en el que es permitido transgredir el tráfico de los autos que, igualmente apurados, pasan por Viana. La gente corre, Lucía camina, busca el olor a luna y sabe que está debajo del auto rojo, -luz verde parpadeando-, la gente corre, Lucía se agacha, recoge, moneda morada, ¿pero cómo está acá? -luz verde parpadea más rápido-, Lucía se ríe, la gentelamiracorriendosaltando, Lucía la huele, olor a luna, moneda morada, ¿por qué morada? -luz verde parpadea más rápido-, y qué claro está, era el celofán verde y ya, y qué claro está, ¿por qué nunca lo quiso ver?, un hombre que pasa a su lado le sonríe, ¿y por qué será morada? -luz verde parpadea última vez-, LucíacorreStopLuzroja.
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29 Noviembre 2006
Ahí estás. Puedo sentirte, tocarte, olerte, observarte. ¿Por qué no te vas de una vez por todas y se acaba esta tontera elefantística-verduna? Y es que ahora puedo sentirte y reconocerte. Te siento en las mañanas llenándome de sueño y de no-esperanza.
Ahhhhhh.. . pero de mí no te escapas, ya han sido muchos los conejitos blancos vomitados entre el primer y segundo piso. Ya han sido muchos días sin luz ytantosueño que a esta altura no pasa una tarde en la que no deba dormir una siesta. Ya han sido muchos días de angustia sin barcas con velas de colores...
Me preguntaba si es que será posible tomar un extracto de luz y congelarlo. Congelarlo, pero aún así, que sea caliente-tibio-frío, que al contrario de lo que uno pensaría convencionalmente, no sería exagerdamente luminoso ni estrambóticamente amarillo-naranjo. No. Más bien sería verde-violeta, y sería tan-tan oscuro, que seríamos capaces de ver a través de él.. . Un extracto de luz. Un pedazo de luz.
¿Pero para qué quiero un pedazo de luz si yo misma puedo ser la luz? Si es que en este mismo instante (¡y ahora pienso qué es un instante! ¿serán realmente luminosos pedazos o retazos de momentos-días-años que van cayendo por un abismo infinitamente precioso, infinitamente perfecto?)puedo ver desde mi ventana una puesta de sol que no puede ser más luminosa que el mundo, que es naranja, tan naranja como esa luz de mi vida, de mi mundo, de mi pieza, que hace tanto tiempo creí perdida.. .
Y yo soy Rey soL. Sí, soy Rey soL, Rey soL. Yo tengo la monarquía absoluta de mi vida para decir que quiero luz infinita en ella, que quiero retazos pero a la vez quiero la luz completa.. . Y soy Rey soL porque aunque esté esa sensación maldita, que es una tontera elefantística-verduna, está esa belleza de la belleza de las cosas, que se me muestra a ratos, imperfectamente perfecta, imperfectamente completa. Y puedo vislumbrar, en esas sensaciones, como en la deliciosa creatividad que hoy me llevó a pintar un cuadro de esos que dicen todo con sólo sentirlos-gustarlos-probarlos, que a pesar de que hoy me mire al espejo y pueda preguntarme "¿quién cresta es esta mina?", y me de cuenta que he cambiado tanto en este año-mes-semana-día, soy capaz de ver más allá de ese sentido abierto, sumergiéndome, fundiéndome, expandiéndome junto a las manijas de ese cajón que soy yo misma.
Cuando escucho-pinto-canto "desarma y sangra" de Serú Girán, y escribo, "pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma", me percato, recién, que la luz que tanto busco está en mí, y con tanto buscarla se me pierde, se me escapa, se derrite entre mis pensamientos tantas veces inservibles.
Como me dijo un amigo: ¿O acaso te das cuenta, al prender la luz de una pieza en la oscuridad, cómo se va expandiendo la luz llenando todo el espacio? Claro que no. Aparece, llega, imperceptible, silenciosamente solar.
servido por Camila
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8 Noviembre 2006

"... , todo está por inventarse y yo no lo veré por desgracia pero mientras pueda inventaré por mi cuenta, te inventaré, polaquita, y querré que vos me inventes a cada momento porque si algo me gusta en vos además de esta barriguita húmeda es que siempre estás trepada en algún árbol, y que te apasionan más los barriletes que el clave bien templado.
-Blup-dijo Ludmilla-. Mentira, me gusta muchísimo más el clave.
-Porque lo escuchás como si fuera barrilete, viento y coletazos y moñitos de barrilete, no sos de las que se ponen para la música, se ponen para el teatro, se ponen para cojer, se ponen en la ensalada de tomates. (...) Soy menos original que vos, ya ves, pero me esmero -dijo Marcos apretándola hasta hacerla maullar quejumbrosamente-, y no solamente las tetitas sino aquí y aquí y por ahí y justamente entre esto y esto.
-Ay -dijo Ludmilla-, no me inventes demasiado, blup, pero es verdad, yo también quiero que todo sea de nuevo y diferente y barrilete como vos decís, tu provincia por allá debe estar llena de barriletes y de chivitos, lo sé por los alfajores que no engañan, por tus manos, ay, puñeta."
De "El Libro de Manuel", de Julius.
servido por Camila
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7 Noviembre 2006
... venía del concierto de Charly, muerta de sueño, aún con la adrenalina a full, expectante de contarle a mi familia, a mis amigos, al mundo entero, que al fin podría morir tranquila: había visto a Charly, y el genio hijo de puta había tocado Desarma y Sangra con su pianito y tantas otras, tantas .. .
Voy por el pasillo de mi departamento, todo estaba más bien oscuro, las puertas estaban cerradas. Al parecer cada uno estaba en su pieza, en su onda. Abro la puerta de mi pieza, de mi mundo, de mi país y mi "frontera", cuando me encuentro contigo, ahí, sentado, acostado en mi cama. ¡¿What?! ¿Alguien me explica que estás haciendo TÚ aquí? Si es que yo nunca te he traído aquí, nunca te he invitado, nunca te he hecho parte de este lugar...
Me asusto. Más que miedo, algo así como estupefacción, no procesaba, no dimensionaba por qué cresta estabas tú-aquí-en-mi-cama. Salgo de la pieza. Cierro la puerta. Reacción claramente estúpida, como tratando de borrar, de hacerme creer que estaba alucinando, que en realidad no había nadie.en.mi.pieza. Le pregunto a mi mamá, "¿qué onda?", y muy tranquila me contesta que estabas hace un rato esperándome... Hmmm .. . ¡¡¿Alguien me puede explicar qué está pasando?!! Vuelvo a abrir la puerta, sigues ahí acostado, incluso puedo alcanzar a ver cómo miras mis libros... Cierro. Otra vez. Intentar borrar-creer-nadie.en.mi.pieza. Entro por el balcón, antes de abrir el ventanal miro a través de él si sigues ahí. Claro que seguías ahí, acomodabas mis cojines y sonreías frente al espiral que he dibujado en la pared de mi pieza... Me resigno, entro, te miro y te odio. Sí te odio. Odio no comprender ni comprender-te. No entiendo qué haces aquí, por qué eres tú y no otro, quién te dejó entrar ni por qué me miras con esos ojos de maldita serenidad exacerbante.
Me siento en la silla de mi computador. MI computador. MI silla. Navego un rato por Internet, creo que revisando fotologs o subiendo una foto del concierto de la noche anterior, eso es lo de menos. Pongo música, recuerdo muy bien que puse "Planta" de Soda (no sé por qué obvié ese detalle cuando te conté esto en la mañana) me paro, camino, voy a buscar comida para MÍ, no te hablo, no te miro, no te escucho.
Vuelvo a mi pieza y estás sentado en MI silla. Te ignoro, ahora me acuesto yo en mi cama, pero te odio, la desarmaste, la dejaste desordenada, los cojines en el piso, todo hecho mierda. Recuerdo la rabia que sentía, te odié mucho. ja!
Y es ahí cuando me dices que me quieres mostrar algo. Que te espere un poco, que vas a buscarlo en alguna página que encontraste por ahí, que no te demoras nada...
¿Hm? Ok. Te espero. Y te esperé, te esperé, te esperé .. ... .. . .. . . te esperé. ¡Por qué te demorabas tanto! Sentía como pasaban y pasaban las horas y tú seguías tecleando códigos y haciendo clicks con el mouse .. .
Hasta que me dijiste, mira:
Y miré. Y las paredes cambiaron su color, se tornaron "azul-gris-metálico", y como en una "fundición de metales" las paredes empezaban a derretirse. Daba la impresión de poder atravesarlas con un dedo, de ser gelatinosas, pegajosas pero exquisitas. Y tú me decías ¿estás viendo lo que te muestro? y comenzabas a fundirte con las paredes, a entrar y salir de mi mundo a través de ellas, apareciendo y desapareciendo, estando presente y ausente al mismo tiempo. Algo como una simultaneidad que anhelé toda esa tarde cuando leía a Cortázar y hablaba del deseo de lograr ser uno sólo, y no este millón y medio de personas que tenemos dentro de nosotros mismos.
Y leí la canción que me mostraste. Y yo te decía hey, yo la conozco, de hecho yo la estuve escuchando anoche, fui la única que me la sabía, la estoy escribiendo, componiendo, tocando, bailando, re-cordando, cantando, saltando, moldeando .. . y la banda sonora comenzaba, y la canción comenzaba a envolverme, y no había límites, sólo la canción-yo-simultaneidad de roles frente a ella-el mensaje-y tú entrando y saliendo de las paredes ...
Como tú muy bien me dijiste hoy, Yo era la canción.
la canción-yo-simultaneidad de roles frente a ella-el mensaje-y tú entrando y saliendo de las paredes
la canción-yo-simultaneidad de roles frente a ella-el mensaje-y tú entrando y saliendo de las paredes .. . .. . . . . .. .... .
Mi vieja toca la puerta de mi pieza, despierto y te mando un mail. Yo no comprendiendo nada. Nada.
servido por Camila
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19 Septiembre 2006

Sospecho que mi blog no debió haberse llamado "La Maga".. . probablemente hubiera sido más adecuado nombrarlo "Horacia", ya que mientras más lo pienso, mientras más lo analizo, empiezo a creer que me parezco más a Oliveira que a su amante .. .
Son detalles.
servido por Camila
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